domingo, 14 de junio de 2009

Escrito por María de los Ángeles Arancibia, escultora y pastelera, miembro de la comunidad Mundo Mujer Santiago

CUMBRE DE MUJERES

Una oportunidad de sentirse terrícola. Eso me quedó en la piel. Diferente al sentir en un viaje. La simultaneidad de razas, colores y edades de las asistentes y la disposición al diálogo en todas y cada una de ellas, despojándose de méritos, roles y barreras idiomáticas para compartir en un tono de igualdad.

Personalmente logré innumerables contactos en todos los ámbitos: amistad simple sin otro beneficio que el compartir opiniones y sentirnos iguales en lugares lejanos, ayuda tecnológica para mi proyecto de alimentos para personas con restricciones, oportunidades de exposiciones en distintas partes del país y en otros lugares del mundo, apoyo del Sernam para un proyecto, en conversación con la ministra.
También logré contactar nuevos proveedores para la pastelería.

Hubo talleres enriquecedores, por la relevancia de quienes los dictaban y especialmente por los testimonios que dan cuenta de las fragilidades de cada una haciéndonos sentir parte de un todo, fuertes pero vulnerables.

En las mesas de desayunos y almuerzos extrañé la metodología de la Comunidad Mundo Mujer, ya que al no haber una persona que guiara la conversación se perdían valiosas oportunidades de conocerse y conversar temas entre todas..
Aún así logré algo de cada instancia, pero me hizo valorar los métodos que hemos aprendido.
Como regalo para el alma mencionaría el coro espontáneo de la delegación china, que nos robó lágrimas a muchas, el enterarme del poco o nada publicitado proyecto de las mujeres aimaras que están cultivando flores en el desierto, proyecto emblemático, metáfora del esfuerzo de mujeres abandonadas en tierra estéril, pero con espíritu de sobra para regalarnos una alegría envuelta en pétalos.

Capítulo aparte fue el conocer a Jody Williams con su ímpetu y ese discurso que mueve nuestras células de pies a cabeza.
La conciencia planetaria de tantas empresas que hacen esfuerzos por mejorar sus niveles de ecología en la producción o aquellos que destinan parte de sus ganancias
para luchar contra la ceguera, el cancer, o simplemente se ocupan del bienestar de
sus empleados.

En resumen la Cumbre me hizo mas humilde, solidaria, audaz, y gregaria. Me vistió el alma con todos los colores y me regaló herramientas para conquistar los espacios que mi corazón anhela.

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