viernes, 22 de mayo de 2009

Primer día: inauguración y cena

Una cumbre internacional suena a algo magnánimo, enorme. Con sólo pensar en la organización de este evento al que asistieron alrededor de 800 personas ya se puede sentir su dimensión. No obstante, las palabras se hacen pocas para describir ese primer impacto de asombro y admiración del cual fui víctima apenas pusimos un pie en el Sheraton.

Asistí a la Cumbre Mundial de la Mujer en calidad de periodista, aunque todavía no me he graduado. Eso era para mí el punto que más me entusiasmaba: mi primera experiencia práctica de lo que es el periodismo. Sin embargo, a medida que íbamos entrando por el Hotel Sheraton, me di cuenta que esto sería mucho más que simplemente mi primer trabajo, sino que se convertiría en una experiencia realmente muy enriquecedora. Nunca pensé que me encontraría con tal cantidad de mujeres, de diferentes países, de diferentes culturas. Era como una gran exposición de personas, cada una con su "look" diferente. Por los pasillos del suntuoso hotel se paseaban unas chinas con su trajes típicos brillantes. Más allá, estaban las españolas, que se habían puesto de acuerdo de llevar todas una mantilla. Un poco más lejos, una tremenda mujer de color, con un turbante y ropa colorida, llamaba la atención de todos.
Este primer encuentro con las mujeres que seguría viendo durante tres días fue realmente fascinante. Quedé deslumbrada por los colores, la elegancia, los idiomas, los acentos, la belleza... Uno de esos días le comenté a Carmen Gloria que la cumbre era casi como un el Miss Universo: ¡todas eran tan lindas y tan femeninas!
Y se notaba que estas empresarias y ejecutivas estaban orgullosas de ser, ante todo, mujeres.




Pero todas estas reflexiones duraron poco tiempo, porque pronto empezaron los discursos y la ceremonia de inauguración. El objetivo de esta versión era "buscar nuevos paradigmas de negocios y liderazgo, sobretodo en la parte económica", planteado por la Presidenta de la organización, Irene Natividad. Posteriormente, habló la Ministra del Sernam, Laura Albornoz en un discurso con fuertes rasgos femeninistas y nuestra Presidenta Michelle Bachelet, quien expresó: "estamos aquí no por ser mujer, sino a pesar de ser mujer".

Tras tantos discursos, fuimos invitadas a una cena por la misma Presidenta Bachelet en el Club Español de Santiago. Nos trasladamos en buses con escolta policial, lo que significó un viaje ameno hasta nuestro destino. Esto provocó muchas risas al interior de mi bus, pues los autos debían detenerse y dejarnos pasar, dándonos un cierto aire de importancia. Lo mismo sucedió en la entrada del Club Español, donde la gente de la calle miraba con curiosidad estas mujeres con tantas facciones diferentes que se bajaban de los buses.

Tal vez es por mi inexperiencia, pero hay algo que llamó singularmente mi atención en la cena: ¡Tanta gente importante y exitosa en su trabajo se relacionaba uno a uno con las pequeñas empresarias, con las mujeres emprendedoras, sin arrogancia ni superioridad! A partir de este momento se destacaron dos aspectos que se convertirían en el sello del "Global Summit of Women": la fraternidad y el optimismo. A medida que iban cambiando los platos hacia el postre, se iba dando un proceso que para mí era desconocido, llamado "crear redes". En cada mesa, las mujeres conversaban de sus proyectos, de sus empresas y así de manera natural, se iban descubriendo otras personas que trabajaban en algo parecido, o con las cuales se podrían establecer lazos económicamente ventajosos para ambas. Me impresionó la pasión por el emprendimiento, la intensidad con la que las mujeres contaban lo que hacían. Una de ellas, sentada en la mesa al lado mío comentó que ya empezaba a sentir las ganas de hacer algo, que la motivación de las demás la había motivado a ella. Dijo: "¡Ya no puedo esperar que sea mañana!".
Yo no podría haber estado más de acuerdo.


Para ver información de la prensa, haz clicl aquí: http://www.mundomujer.cl/ tercera_24_mayo.pdf



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